En esta ocasión os proponemos una opción laboriosa que puede dar un efecto rústico muy interesante, la realización de un mosaico.
Este arte tiene sus orígenes en la antigua Roma y ahora vamos a intentar poner nuestro granito de arena y toque personal. Si es la primera vez que trabajamos esta técnica será mejor hacerlo cubriendo una pequeña superficie y con la intención de crear un motivo sencillo. Antes de nada deberemos planificar el dibujo y su ubicación dentro de la estancia. Posteriormente, dibujaremos en una madera de contrachapado o en una cartulina el motivo a tamaño real.
Los azulejos con los que se realiza el mosaico serán trozos de baldosas que previamente habremos roto envolviéndolos en un trapo y golpeándolos con un martillo. Las piezas surgidas no serán todas de nuestro agrado así que podremos servirnos de un cortador de azulejos para darles la forma que deseemos. Poco a poco iremos colocando los azulejitos sobre la madera o cartulina, hasta acabar el motivo.
Después trasladaremos cada trozo de azulejo a la pared en el orden que tenemos en la plantilla, aplicando cola con una espátula en la parte posterior de la baldosita.
Según vayamos colocando las piezas será importante mantener una separación uniforme. Cuando todos los azulejos estén bien adheridos aplicaremos la lechada y ya tendremos nuestro mosaico listo.
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